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Viajar con animales

Taxi para perros y mascotas

Un perro no viaja como una maleta: ocupa sitio, se mueve y a veces se marea. Al pedir el precio en esta web se dice que viaja un animal, así que el coche que llega ya sabe a qué viene.

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Eso ahorra las dos escenas de siempre: el conductor que no esperaba un perro y el pasajero que se queda en el portal con el transportín en la mano.

Lo que hay que decir al reservar

La reserva lleva escrito cuántas personas viajan y qué equipaje va detrás. Con un animal se añade un dato más: qué es, cuánto pesa más o menos y si va en transportín o suelto en el maletero.

Así queda por escrito que viaja una mascota. Taxi con un gato dentro de su caja y taxi con un mastín tumbado atrás no son el mismo viaje, y el conductor lo agradece antes de llegar al portal.

Un taxi con perros pedido a la carrera depende de la suerte del momento. Pedido con antelación, no: quien acepta el viaje ya sabe lo que sube al coche.

Y una cosa más: la hora. Un perro nervioso viaja mejor de noche o a media tarde que en un atasco de las ocho, y si el viaje se puede mover un poco, conviene moverlo.

El transportín, para gatos y perros pequeños

Un gato viaja tranquilo si va en su transportín, con una manta por encima y la puerta mirando al respaldo. Suelto en el coche, no: acaba debajo del asiento del conductor y entonces el problema es de todos.

Con un perro pequeño el transportín es también la vía rápida: nadie discute un taxi para mascotas cuando el animal va en su caja y la caja va sujeta con el cinturón.

Los transportines de avión son más grandes de lo que parecen. Si el viaje acaba en el aeropuerto de Manises, mide la caja antes de elegir el coche: en el maletero de un turismo entra, pero ya no entran las maletas.

Perros grandes: el maletero y el monovolumen

Un perro de treinta kilos viaja en el maletero, tumbado, con el portón cerrado y la correa corta. En un turismo cabe si el equipaje es poco; con dos maletas de bodega ya no hay sitio para los dos.

Ahí entra el monovolumen: la última fila se abate y queda un hueco largo y alto. Un taxi para llevar perros grandes suele ser eso, un coche con portón amplio, no un vehículo especial.

Dos perros grandes y cuatro personas no caben en el mismo coche por mucho que la cuenta de plazas salga redonda. En ese caso salen dos coches y el importe de cada uno aparece antes de reservar.

El perro guía entra siempre

Un perro guía o de asistencia no se negocia: entra, va en el suelo junto a la persona y no necesita transportín. No hay recargo por él ni permiso que pedir.

Aun así conviene decirlo en la reserva, no para que lo autoricen, sino para que el conductor deje libre el asiento de delante y pare donde el animal pueda subir sin pisar la calzada.

Lo mismo vale para los cachorros en formación que viajan con su instructor, aunque todavía no lleven el arnés definitivo.

Gatos, jaulas y animales que no son perros

Un gato es el segundo pasajero animal más frecuente y el más fácil: va en su transportín, no protesta mucho y cabe en el suelo, delante del asiento de atrás.

Las aves viajan en jaula con una tela por encima, porque la luz y el movimiento las alteran. Los conejos y los hurones, en transportín cerrado, como los gatos. Todo lo que pueda escaparse por un hueco tiene que ir en una caja, no en una bolsa.

Si el animal está enfermo o recién operado, dilo al reservar: puede marearse, oler o manchar, y el conductor preferirá poner una funda antes de que suba. No es desconfianza, es que después de ese viaje tiene que seguir trabajando.

Taxi, mascotas y la última palabra del conductor

No existe un taxi canino con permiso aparte ni una flota dedicada a animales: es el taxi de siempre, conducido por alguien que decide cómo entra el perro en el coche que trabaja todo el día.

Quien busca un taxi de mascotas se imagina una furgoneta con jaulas. Lo que hay es un maletero libre y un conductor avisado. Un taxi de perros, en la práctica, es el que llega con una manta puesta atrás.

El conductor puede pedir que el animal vaya sujeto o que el transportín se cierre, y puede rechazar un perro suelto y nervioso. Con la reserva hecha eso casi no ocurre, porque el viaje se acepta sabiendo lo que lleva.

Con el perro por Valencia

La mayoría de estos viajes son cortos y se repiten: el veterinario de guardia a las tres de la mañana, la revisión anual, la vuelta a casa con el gato recién operado y todavía dormido.

Luego están los de fin de semana: la Malva-rosa y la Patacona, con sus tramos de arena para perros fuera de temporada; el paseo largo por el cauce del Turia; la casa del pueblo en la Ribera con el animal en el asiento de atrás.

Y los viajes de verdad, los que empiezan de madrugada: un taxi con mascotas hasta la estación Joaquín Sorolla o hasta Manises, con el transportín facturado y los papeles del veterinario en la mochila.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

¿Hay taxis que acepten perros en Valencia?

Sí, y no hay una lista oficial de cuáles. La diferencia está en el aviso: con la reserva hecha desde la web el conductor acepta el viaje sabiendo que sube un animal, que es justo lo que falla al parar un coche en la calle.

¿Hace falta transportín siempre?

Para gatos y animales pequeños, en la práctica sí. Un perro mediano o grande viaja en el maletero con la correa corta. Lo que se exige es que el animal no estorbe la conducción, y eso se consigue sujetándolo.

¿Puede negarse el conductor?

Puede poner condiciones y puede rechazar un animal suelto que no se deja sujetar. Con un perro guía no: ese sube siempre y sin recargo.

¿Caben un perro grande y el equipaje en el mismo coche?

En un turismo, casi nunca. Elige monovolumen al ver el precio y tendrás maletero para las dos cosas.

¿Cuesta más llevar al perro?

El importe que sale en pantalla es el del coche y el trayecto elegidos. Lo que puede cambiarlo es necesitar un vehículo más grande, no el animal en sí.

¿Puedo llevar dos animales?

Sí, diciéndolo en la reserva. Dos perros grandes piden monovolumen, y si además viajan cuatro personas lo razonable son dos coches.

¿Y si el animal ensucia el coche?

Por eso conviene llevar manta o funda y avisar si el animal está malo. Un transportín bien cerrado evita el noventa por ciento de los problemas.

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